Comienza todo con un fade in a una toma panorámica de la ciudad de Paris, Francia. La cámara se queda estática diez segundos y despues hace zoom a una velocidad que hace irreconocible cualquier cosa; cuando se detiene, nos damos cuenta que aparecimos en el metro de la ciudad de México, fácilmente reconocible por el ruido ensordecedor de sesenta vendedores de discos piratas hablándose a gritos de un lado de las vías al otro y sin apagar nunca su mochila-altavoz.
Lentamente la cámara toma a la gente que pasa, a una pareja besándose, unas palomas que sin explicación aparecen volando y se detiene al lado de un indigente, sentado y apestando todo a su alrededor (para este actor me imagino al expresidente Fox). Al lado tiene un letrero que dice: "una moneda por favor, no tengo güevos para trabajar." La gente pasa y lo ve con asco, no le dan nada y el pobre hombre tiene cara de padrecito católico estigmatizado. Entonces pasa el metro y de él sale un señor vestido del tío Sam pero sin el color rojo que lo caracteriza, solo blanco y azul. En la parte detrás de su chaleco a rayas tiene un dibujo de Carlos Monsivaís siendo orinado por Norberto Rivera (el actor perfecto es Emilio González Márquez). Pasa de largo al indigente sin güevos. De pronto, nota a una chica de culo prominente y minifalda; se le queda viendo babeando y jadeando hasta que la chica se pierde en la multitud. Sonriente, nuestro tío Sam regresa donde el indigente, toma su letrero, saca un plumón negro y escribe algo al reverso. Orinándose de la risa sale de la toma para nunca más regresar.
Llegan otro par de metros y se empieza a acumular la gente, que miran ahora al indigente no solo con desprecio y asco, sino con movimientos de cabeza que expresan: "qué poca madre."
Se presenta un metro más y de él bajan un grupo de feministas con una lider platicando de cuando fué corresponsal de guerra (para este personaje he seleccionado a Loret de Mola, con falda y tacones). Al momento de acercarse al indigente y leer su letrero, lo empiezan a golpear sin piedad, patadas y arañazos, uno tras otro. Es entonces cuando se congela la toma y la cámara gira para ver lo que dice el letrero: "Esa vieja esta bien buena, pero yo no la puedo preñar."
Es entonces cuando viene el cambio de trama que hace este corto tan diferente a los demás.
La toma se descongela y las feministas, cansadas, se retiran una a una del pobre indigente sin güevos ya sangrante y llorando. Es entonces cuando la lider toma una pancarta (que aparecerá en el piso sin explicación... al igual que las palomas que volaban anteriormente, algo asi como Easter Eggs para los críticos); saca un plumón, escribe algo al reverso, toma el letrero del indigente y lo intercambia por su pancarta para después salir de la toma.
El indigente, moribundo, trata de enfocar los ojos a lo que dice la pancarta: "No te preocupes, mañana me diculpo en el noticiario."
Fin
Mándenme por mail donde puedo recoger mi premio.